viernes, 5 de diciembre de 2008

El can jamás iba a ir

A Yuliana Marcillo

Gracias sinceras por lo que me toca

cuestión francamente complicada para quien no nombraste

porque no hacía falta

                               y ni más

faltaba.                              

 

Porque me tocaste el corazón

pálido de amor por la masajista.

 

Prefiero morirme a escondidas

                refugiado en mi propia hambre

tan

can

tin

flesco

como me adoran y desadoran

por capricho y necesidad.

 

El can jamán iba a ir.

 

Prefirió quedarse con la reina de Isabel

                con la princesa de Diana

                               y la madre de Teresa

descuartizando a Rosario

sin cruz

i

fijo

el olvido en la ya distanciada morena.

 

Dialogaron de

                               in

                               pene

                               trables

                               asuntos

coloquiales

mientras yo sí

desterraba papas

donde las piernas queman

y por más que me concentraba

se des aflojó el amarillo perro bóxer

comotexplico compañera esto de que

los domingos son sagrados y sangrientos

de sangre para ella y de sangría para mí.

Siempre estuvo hablándome la intuición

Nada es poema

hasta que las letras lo componen

hasta que lo escrito no se entienda

 

Repetí que todo era poesía.

 

Este ser no compone sus propias canciones

mis claves de Sol

las eclipsa el Si

que no deviene de La

sino de Mi.

 

Son amarillos mis borradores

siempre fueron eso

nunca pasé a limpio los amores

acrostiqué muchos nombres.

 

dije lo que pude

a toda esa mujer

anonadada por mi cara

toda hermosa para ella

yo idiota le creía

hasta el amor que no concretamos

más jamás de los jamases

amaneceremos en cualquier cama.

 

vinieron días que la amé hasta el alma

a veces creí que se daba cuenta

esas palabras ocultas se resumieron en babas en

risas de figuras no vistas

de muchas e interminables idas en el bus hasta la casa.

 

Siempre estuvo hablándome la intuición

todo ese sonsonete tenía razón de vez en cuando

justo ese

de

vez

en

cuando

nunca de los nuncases lo escuché

y heme aquí intuyendo ahora yo los pasos

de todo aquello vergonzoso

que me sonroja

enverdece

tiñe

azuleja

y no aclara.