domingo, 8 de febrero de 2009

La tarde llega tarde y acongojada

A todo un pueblo y a Dámaso Alonso

 

“¡Salve ciudad del valle, que dominas

con altivez de reina castellana;

ciudad que ostentas como soberana,

la corona triunfal de tus colinas!.”

Canto a Portoviejo - Vicente Amador Flor Cedeño

 

Sálvate ciudad del valle que dominas la locura:

El periodista radial muy temprano informa

que esta ciudad parece Madrid

porque ciento cincuenta palomas frecuentan el parque central.

Anuncia:

Las aves se sienten como en casa.

Nadie estorba a las palomas.

Todos las aman.

Fin del flash informativo.

 

Aquí entre nos Dámaso

Esta es la ciudad de más de un millón de caraduras.

 

Es medio día

el Chevrolet Gran Vitara

saca el dedo medio al Datsun 1600

                        al policía que estaba frente al acto

lo segó la pasión por el deber

                        le estaba dando con el tolete a una quinceañera.

La altivez de la reina casta y llana vistió camuflas gris.

El perro que observó el episodio se paró en media calle adrede.

 

La tarde llega tarde y acongojada.

 

A las nueve de la noche

los semáforos se enamoran entre sí.

                       

A las 12 de la noche cada viernes

en La Avenida de las emociones

se pintan pasos peatonales con vómito.

En La Avenida de las pizzas queda un aeropuerto

allí aterriza la soledad cuando se aburre

allí despega el silencio pixelado.

 

Es temprano de nuevo

el loco “Vaya vaya” se masturba en Filanbanco.

la loca sin nombre limpia las calles gratis.

“¡No saques la basura vieja loca

            ¿no ves que destapas los baches?!”

grita el dueño del barrio.

 

El periodista radial vocifera las noticias de ayer

pero no dice que al ciudadano ilustre que murió ayer

lo invaden los ángeles de las moscas hasta el rabo.

 

La soberana que ostentó la ciudad

mantuvo la corona triunfal gracias a sus colinas.

 

En lo más alto de una iglesia se aprecia un afiche político

En lo más alto de la nube se concentra esperma errante.

 

Aquí entre nos Alonso

en esta ciudad nadie se pudre.

 

En lo más alto de las alturas los gallinazos se persignan.

1 comentario:

Marcelino Martini dijo...

Muy bueno todo lo tuyo también, la crudeza irónica ciudadana de este escrito me pegó. Un abrazo clickeado!