Tú, musa eterna,
me hablas del vivir
cual si fuera lenta muerte,
dices de espinas desgarrando el alma.
Sangras dentro de ella,
(dentro mío lloras)
musa que tocas una lágrima mía,
al caer de rostro la haces polvo
con la misma sangre gris que corre
en las venas del poema que te escribo.
Tú, presencia intangible,
perpetua,
sombra en cada letra,
amargura en cada sombra,
polvo en cada verso,
negro en cada amor.
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