Perdóname,
no por herirte,
no por egoísta o injusto,
y si una vez fui mal amigo,
o incumplí el trato,
mis rodillas
no aterrizan
por aquello,
mis manos juntas
no se alzan al cielo
por aquello.
…Perdóname,
por no hacer nada,
ni decir nada
y solo mirarte,
y si entendiste
el lenguaje
de mis ojos
sabes que te amo,
y nunca hablé,
sientes que amo,
y no murmuras,
sabes que te amo
en la mirada,
en el auxilio,
en la presencia,
desde antes
y hasta después.
Perdóname…
simplemente
por amarte,
y entenderé
que simplemente
me quieres,
y si el perdón
me es negado,
comprenderé
también tu silencio,
y yo seré quien
te perdone después.
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